Oaxaca

 

Llamó varías veces a la puerta, pero no le respondían, pensando que no había nadie optó por volver más tarde, pero algo que no había notado antes, lo hizo cambiar de parecer; la marca de sangre de una mano, se encontraba plasmada en el tronco delgado de la entrada.

 

Sin pensarlo mucho, empujó la puerta con fuerza, la cual, apenas trabada con un clavo oxidado, cedió, posó la mano en el machete y se adentró lentamente a la casa de su compadre.

 

En la amplia sala, la oscuridad reinaba casi en su totalidad, los pocos rayos de luz del atardecer se asomaban con debilidad y permitían ver varios rastros de sangre en el suelo, así como objetos tirados; un aroma a húmedo inundaba el ambiente, hasta el punto en que invitaba al asco. Aquello era horrible.

Un llanto de dolor llamó su atención, era un sollozo lejano que provenía del fondo de la casa, desenvainó el arma y caminó con miedo, estaba nervioso y las manos le sudaban, temía lo peor para su compadre. Llegó al cuarto de donde provenían los lamentos, y empujó lentamente la pesada puerta de madera y aluminio, en el piso boca abajo yacía el cuerpo de su compadre, de quien provenían los lamentos, manchado todavía en sangre, parecía no tener fuerzas para levantarse.

-¿Compadre está bien?- Exclamó el hombre, mientras se agachaba para auxiliar a su amigo. Pero fue tal su sorpresa, al ver que el rostro de su compadre no era el conocido, sino el de un felino.

-No, por favor…no te asustes- dijo el compadre débilmente-, soy yo, pero estoy muy lastimado, los del pueblo me tendieron una trampa y me han golpeado casi hasta la muerte, logre escapar, pero mi rostro es la única parte que no se ha vuelto humana, ¡ayúdame por favor compadrito! necesito que me traigas mis sesos y parte de la sangre de mi corazón, están en el lugar donde me golpearon.  

 

No preguntó por más, la verdad no quería saber, aquello era algo irreal, que solo sucedía en las historias de los ancianos. Fue a buscar, de mala gana el encargo de su compadre, pero la oscuridad de la noche y las pocas ganas de meterse en cosas que desconocía, no le ayudaron. Finalmente no encontró ni la sangre, ni los sesos, solo un rastro ya seco de un intento de linchamiento.

 

El brujo mejoró sus heridas, pero no sanó completamente, convertido en monstruo se exilió en las montañas. Por ahí dicen que un ser extraño ronda en aquellas tierras, son pocos los que saben que es el brujo con cara de tigre.

 

 

Adaptación de "El Brujo con Cara de Tigre"

Cuentos de Brujos I/ Colibrí

 

El Brujo con Cara de Tigre
El Brujo con Cara de Tigre

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